viernes, 18 de mayo de 2018

Fumonisinas: la amenaza

Fumonisinas en el alimento: comprender la amenaza oculta para la salud del ganado vacuno

Para garantizar la salud y la productividad del ganado vacuno, los ganaderos deben ser conscientes del riesgo que entrañan las fumonisinas y de los efectos que acarrean.

Una serie de informes recientes revelan la presencia de niveles elevados de contaminación por fumonisinas en el maíz procedente de Tejas y otros estados limítrofes. Este tipo de micotoxina es habitual en el maíz, donde suele encontrarse en cantidades de 2 ppm o menos, pero los análisis de este año han detectado niveles muy superiores a los 30 ppm, llegando incluso a sobrepasar, en algunos casos, los 100 ppm.

Al comprar cereales y granos, los ganaderos deben ser conscientes del riesgo de contaminación por fumonisinas, ya que su ingesta tiene efectos sobre varios sistemas orgánicos y causa una reducción del consumo y de la eficiencia alimentaria, además de provocar daños hepáticos. Comprender los efectos que tienen estas micotoxinas en el ganado vacuno es clave para preservar la salud y la productividad de los animales.

¿Qué son las micotoxinas y cómo se originan?


Las micotoxinas son metabolitos secundarios de hongos que infectan a las plantas. Se han identificado más de 500 tipos y es probable que la mayoría de piensos y alimentos estén contaminados por varios tipos de micotoxinas a la vez. Cada micotoxina provoca efectos específicos y diferentes en los animales que las consumen.

Las especies del género Fusarium son los principales hongos que infectan a los cultivos. Estos hongos, cuyo color puede variar de blanco a rosa o rojo, suelen proliferar en climas húmedos con temperaturas moderadas, sobre todo cuando la planta presenta heridas o daños causados por insectos o granizadas. Su distribución es mundial, sobre todo en los cultivos de maíz. Las especies de Fusarium producen varias micotoxinas, como las fumonisinas, el deoxinivalenol (vomitoxina) y la zearalenona, que suelen concentrarse en los tallos y las mazorcas más que en el grano.

¿Cuáles son los signos de contaminación por fumonisinas en el alimento?

Aunque el ganado vacuno es, por lo general, resistente a muchos de los efectos negativos que conlleva la ingesta de micotoxinas gracias a la metabolización de estas sustancias por los microorganismos del rumen, una elevada concentración de micotoxinas en el alimento puede tener graves consecuencias. Las fumonisinas, por su parte, no se degradan en el rumen ni se absorben bien, por lo que la mayor parte que ingiere el animal se elimina en las heces. Sin embargo, cuando se ingieren cantidades lo suficientemente elevadas, el intestino se ve superado y empiezan a aparecer los problemas.

La presencia de fumonisinas en el alimento reduce su palatabilidad y enlentece la velocidad de ingesta. Los animales pueden rehuir el comedero cuando la ración está contaminada con niveles elevados de estas toxinas. Los terneros que todavía carecen de un rumen totalmente desarrollado y los animales en situación de estrés, como el destete o el transporte, son más vulnerables a la exposición a las fumonisinas, ya que presentan una menor fermentación ruminal y una función inmunitaria debilitada.

¿Cómo afectan las fumonisinas al ganado vacuno?


Salud intestinal

El tracto gastrointestinal se ve afectado por la ingesta de micotoxinas. Los enterocitos (las células epiteliales del intestino) necesitan estar protegidos de la interacción directa con los microorganismos y el medio intestinal. Las células caliciformes, unas células especializadas del epitelio intestinal, proporcionan esta protección. Estas células segregan un moco que recubre a los enterocitos y que actúa como lubricante y los protege del contenido intestinal. Los enterocitos poseen también estructuras especializadas que conforman las llamadas uniones estrechas, responsables de limitar el paso de las moléculas entre las células. Estos y otros mecanismos actúan de forma conjunta para evitar la colonización del intestino por patógenos y el paso de las toxinas y los patógenos de la luz intestinal a la circulación sanguínea.

Aunque en el ganado vacuno las fumonisinas se absorben y se metabolizan poco, estas micotoxinas provocan alteraciones en el tracto gastrointestinal. La motilidad del rumen puede disminuir, lo que aumenta la exposición del epitelio intestinal a las fumonisinas y a otras micotoxinas. Aun en cantidades bajas, las micotoxinas pueden alterar la salud intestinal y la función inmunitaria, causando un desequilibrio en las interacciones huésped-patógeno y una mayor vulnerabilidad a contraer enfermedades. Las fumonisinas dañan los enterocitos del tracto gastrointestinal, lo cual reduce el grosor de la mucosa, la resistencia de las uniones estrechas y la proliferación celular y, en última instancia, aumenta las posibilidades de invasión patógena.

Daños hepáticos

El análisis de tejidos procedentes de ganado vacuno tras la ingesta de grandes cantidades de micotoxinas de Fusarium muestra que la mayor parte de las fumonisinas absorbidas se almacenan en el hígado y, en menor cantidad, en los músculos y los riñones. Esta acumulación es preocupante, ya que las fumonisinas son tóxicas para el hígado y los riñones, donde desencadenan procesos de apoptosis seguidos por la proliferación de células regenerativas en los tejidos afectados. Las fumonisinas también reducen los niveles de antioxidantes en el hígado, lo cual disminuye los mecanismos de defensa. Esta situación acaba provocando lesiones en el hígado y el aumento de las enzimas indicativas de daño hepático.

Esfingolípidos

Los esfingolípidos protegen a las células de los daños ambientales formando una capa estable y químicamente resistente en la membrana celular. Las fumonisinas interrumpen la señalización celular al inhibir la acción de la ceramida sintasa y, como resultado, también inhiben la síntesis y el metabolismo de los esfingolípidos.

Del mismo modo, la disminución de la concentración de esfingolípidos importantes desempeña un papel en la alteración de la morfología de las células afectadas. Esta inhibición tiene como consecuencia la acumulación de compuestos citotóxicos que reducen la estabilidad y la protección celular, provocando la muerte de la célula.

Inmunosupresión

Los terneros que ingieren fumonisinas presentan una función inmunitaria debilitada. El metabolismo de los esfingolípidos en las células inmunitarias está implicado en la señalización, que controla a su vez el desarrollo, la diferenciación, la activación y la proliferación de los linfocitos.

El desarrollo de los linfocitos se ve alterado, por lo tanto, cuando el ganado vacuno consume fumonisinas. Estos glóbulos blancos son importantes para generar una potente respuesta inmunitaria frente a los antígenos. Así, la ingesta de micotoxinas de Fusarium puede aumentar la vulnerabilidad del animal a las enfermedades y reducir la eficacia de las vacunas.


Manejo del alimento contaminado en la explotación de vacuno de carne


Por desgracia, una vez que se han formado las micotoxinas en la planta, no existe ningún método comercial que permita eliminarlas de los alimentos contaminados. Recoger y almacenar las cosechas contaminadas en condiciones de baja humedad (menos de un 15 %), junto con la separación de los alimentos muy contaminados, es fundamental para reducir el riesgo de proliferación de hongos y de producción de micotoxinas en los granos no contaminados.

Si bien las recomendaciones para vacuno adulto de la Comisión Europea admiten un nivel máximo de fumonisinas en la ración de hasta 50 partes por millón (ppm), las directrices de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE. UU. (FDA) recomiendan una concentración máxima de 30 ppm para vacuno de cebo, 15 ppm para ganado reproductor y 10 ppm para terneros. Asimismo, el maíz contaminado y sus subproductos no deben representar más del 50 % de la ración. Es vital analizar el nivel de fumonisinas de la ración completa, ya que los subproductos del maíz, como los granos de destilería y el gluten de maíz, suelen presentar un contenido de fumonisinas tres veces más elevado y los residuos del cribado de maíz, diez veces más alto.

Si se han de utilizar productos contaminados para alimentar al ganado vacuno, el maíz se debe mezclar para reducir la concentración de fumonisinas hasta niveles aceptables. Dado que la exposición a las fumonisinas está relacionada con una disminución del consumo de alimento, es motivo de preocupación que niveles bajos de fumonisinas puedan interactuar con otras micotoxinas y reduzcan el crecimiento de los terneros y la ganancia de peso en el cebo. La contaminación por fumonisinas puede ser especialmente perjudicial cuando se introduce nuevo vacuno adulto y terneros en la explotación, obstaculizando así su buen arranque en la granja.


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