martes, 21 de febrero de 2017

Maximizar inclusión forrajes

Alimentar con altas proporciones de forraje es una oportunidad que muchas explotaciones deberían considerar. 

Este tipo de dietas trata de aprovechar la capacidad biológica de la vaca de convertir la fibra ingerida en productos de gran valor como la leche o la carne. La calidad y la cantidad de los forrajes suministrados tienen una relación directa con la producción de leche, con los costes de producción y con el beneficio de las explotaciones.

En algunos rebaños, el tránsito para implementar este modelo puede llevar varios años por la necesidad de cambios en la estructura productiva de la explotación. Esta aproximación puede no ser válida para todas las granjas, pero el concepto debería tenerse en cuenta y evaluado por los productores y por los técnicos que asesoran las explotaciones.

DESAFÍOS DESPUÉS DE LAS CUOTAS


En apenas dos años vamos a hacer el tránsito de un sistema de cuotas (somos la generación de las cuotas), con una parte importante de los ingresos en forma de pagos directos, a un modelo sin cuotas y con ayudas ligadas al llamado greening (mantenimiento de praderas permanentes, rotación de cultivos, etc., vinculado al uso de la base territorial).

A la vista de la evolución en la producción de leche en la UE en el periodo 2006-2010, las áreas de tradición lechera (Alemania, Bretaña francesa, Holanda, Irlanda, Dinamarca…) fueron creciendo a un ritmo del 2% anual. También Galicia aparece como una de las regiones de mayor crecimiento en estos años. Por el contrario, en el sur de Europa la producción fue disminuyendo.

Estas tendencias divergentes tienen que ver tanto con las perspectivas de futuro de las propias explotaciones como de las políticas estratégicas regionales implementadas. Un buen ejemplo de esto último es el caso de Irlanda, donde tienen como objetivo, después de la abolición de las cuotas, aumentar su producción un 50% hasta 2020 manteniendo su modelo de producción basado fundamentalmente en los pastos.


Los expertos coinciden en que el grupo de regiones pertenecientes a la Europa atlántica tiene la capacidad de incrementar su producción a ritmos del 5% anual a partir de 2015.

Los factores clave sobre los que se puede asentar este crecimiento están en relación con la estructura de las explotaciones, con su organización sectorial y, sobre todo, con la disposición de áreas de producción de forraje.


Por supuesto, estas hipótesis de crecimiento están vinculadas a la evolución de los precios de la leche.

Paralelamente, asistimos a una alta volatilidad de las materias primas para alimentación, relacionada con la competencia por los cereales y fuentes de concentrados de proteína, por la demanda de alimentos de una población mundial creciente. Esto tiene una fuerte incidencia en los costes de producción, sobre todo en aquellas explotaciones con mayor dependencia de los concentrados.

Por todo lo dicho, parece que una de las claves de la competitividad de las granjas de vacuno pasa por depender en mayor medida de las fibras (forrajes) producidas en la propia explotación. De hecho, esta viene siendo una tendencia observada en los últimos años en todo el mundo, incluso en los Estados Unidos.
Larry Chase, de la Universidad de Cornell, apunta que las regiones del noreste y del medio-oeste americanas, aquellas que producen altos rendimientos de forraje de buena calidad, tienen cada vez más importancia dentro del sector lechero norteamericano gracias a esta ventaja competitiva. 
Según este investigador, las razones por las que el forraje se está incorporando más a las dietas americanas son la mejora en la ejecución de los trabajos en el ensilado, el mejor conocimiento y aplicación de la digestibilidad de los forrajes (dFND) y el aumento de la dFND de los ensilados de maíz.

INGESTA DE FORRAJE. FACTORES LIMITANTES.

Pero, ¿cuánto forraje podemos llegar a incluir en nuestras dietas? Es evidente que podríamos trabajar con el 100%, sin ninguna suplementación. La experiencia práctica nos dice que estas raciones no maximizan la productividad, ni a menudo la eficiencia y la rentabilidad.


Ocurre que la producción de leche requiere de una alta demanda energética, y el llenado ruminal de raciones con alto contenido en fibras limita la capacidad de las vacas de llegar a su potencial genético para producción de leche.

Mertens ha descrito cómo las vacas regulan su ingesta. Para raciones de alta producción (bajas en fibra), las vacas regulan la ingesta para satisfacer la demanda energética según su potencial genético de producción de leche.

Para raciones de baja producción (ricas en fibra), las vacas consumen la dieta hasta llegar a su límite de llenado y la producción de leche quedará limitada según la energía ingerida. En otras palabras, el consumo de forraje en las vacas de alta producción está limitado por el volumen de la fibra que llena el rumen. Esto es lo que explica que las raciones con 100% de forraje no permitan altas producciones.

La cantidad de forraje que puede ser incluida en la ración puede ser estimada a partir de su contenido en Fibra Neutro Detergente (FND) y de su digestibilidad (dFND). Mertens (1988, 1997 y 2010) relacionó la ingesta total de FND en función del peso vivo de la vaca. Según este autor, la ingesta debería estar entre el 1,1 y el 1,2% del peso vivo de la vaca, con un 75% del total de FND procedente de los forrajes. No obstante, existen ensayos donde la ingesta de forraje llega a superar los niveles de 1,3% del peso vivo. Pero, yendo un paso más allá, en los últimos años este investigador desarrolló el Sistema de Ingesta a partir de la FND (FND Intake System).

Se trata de un modelo de predicción de la ingesta basado en la FND que describe mecanismos de su regulación para determinar la máxima proporción de inclusión de forraje en las dietas atendiendo a su calidad y también al potencial productivo del rebaño.




Todo este esfuerzo investigador es una señal evidente de la importancia que los forrajes fueron cobrando en los últimos tiempos. Valga como ejemplo el esquema piramidal que acompaña el texto, donde se visualiza la importancia relativa de los forrajes: en 1995, Lundquist apenas le da el rol de aportación de fibra efectiva y, 20 años después, Paulson lo considera ingrediente preponderante.

MAXIMIZAR LA INGESTA DE FORRAJE. COMPROMISOS.

Tradicionalmente, para determinar la inclusión de forraje en las dietas nos estábamos orientando por la ratio forraje: concentrado. Esta ratio se mueve entre el 40:60 y el 60:40.

Pero, ¿es posible conseguir altas producciones con dietas en las que los forrajes representen una proporción mayor? Entonces, ¿cuáles serían las premisas a tener en cuenta para trabajar con estos planteamientos en nuestras explotaciones?

La respuesta que nos dan los investigadores es afirmativa, pero con condiciones. Tanto a nivel teórico como en rebaños comerciales es posible encontrar explotaciones que están trabajando con proporciones de forraje del 75% (con ingestas equivalentes al 1,3-1,4% del peso vivo de la vaca) con altas producciones de leche.

En primer lugar, es necesario que tanto el ganadero como el nutricionista entiendan el concepto y estén convencidos de que es posible aplicarlo en su rebaño. De lo contrario, es el primer paso para el fracaso.

Una vez tomada esta decisión estratégica, habrá que desarrollar cuestiones tácticas en tres niveles:

  •      Producción forrajera
  •      Racionamiento
  •      Manejo de la alimentación


PRODUCCIÓN FORRAJERA

El hecho de trabajar con más forraje y menos concentrado nos obliga a tener que presupuestar un 15-30% más de forraje en condiciones normales. Para conseguirlo debemos establecer alternativas forrajeras, planes de fertilización y un calendario de aprovechamientos apropiados para este fin. Producir más forraje va a comportar tener mayor capacidad de almacenamiento. Hace falta disponer de las estructuras idóneas para acomodar más volumen de forrajes conservados para preservar su calidad nutricional.

Tenemos que acentuar nuestro compromiso por la calidad de los forrajes. En un modelo de alta inclusión de forrajes (y por tanto de relevo de cereales y/o concentrados de proteína), las variaciones en la calidad de estos sobre la producción de leche son mayores porque hay menos oportunidad de ajustar la ración con el concentrado. Trabajar con bajos niveles de FND y con forrajes de alta digestibilidad (dFND) son objetivos irrenunciables.

RACIONAMIENTO


Según lo que llevamos argumentado, el racionamiento tiene que ir dirigido a:

    -Maximizar el porcentaje de forraje optimizando la producción por vaca.
    -Maximizar la digestión del forraje una vez que es incluida en una mezcla forraje/concentrado.

Luego, una vez que incorporamos más forraje en la dieta, el desafío es conseguir un buen aprovechamiento (digestibilidad) de las fibras ingeridas. El racionamiento debe tener en cuenta las interacciones forraje/concentrado que se dan en el rumen para maximizar la digestibilidad de los forrajes.


Es sabido que la digestión de la fibra es sensible a los pH bajos. Por tanto, todas las modificaciones en la dieta que ayuden a mantener el pH ruminal, como suministrar fibra de tamaño acomodado para estimular la masticación, incorporar levaduras o vigilar las diferentes velocidades de fermentación de los almidones, pueden contribuir a maximizar el aprovechamiento de las fibras.

Estos son algunos de los elementos que en racionamiento más contribuyen a mejorar la digestibilidad de la fibra:

Generar un manto fibroso. La digestión de la fibra es más lenta si la comparamos con otros componentes de la dieta. En consecuencia, solo puede ser digerida eficientemente si es retenida en el rumen por tiempo prolongado. Además de su impacto sobre la masticación, un adecuado tamaño de partícula tiene efecto también sobre el tiempo de retención de la fibra en el rumen.

Aunque el contenido de fibra en la dieta pueda ser el correcto, si va demasiado picada no permite generar un buen manto fibroso (aquel que flota sobre el líquido ruminal; ver figura).
La consecuencia es que el tiempo de retención de las partículas fibrosas es menor y se deprime su digestión.

Vigilar las fuentes de almidón. En dietas en las que se limita el uso de los concentrados es clave maximizar el aprovechamiento de los almidones.
La digestibilidad del almidón puede variar entre el 70-100% (Firkins et al. 2001). La diferencia en la digestibilidad va a depender del tamaño de partícula (fino o grueso), del procesado del grano, del modo de almacenamiento (seco o en pastone), de la humedad y de la duración del tiempo de fermentación en los ensilados y también del tipo de endospermo (proporción amilasa/amilopectina).

Nitrógeno No Proteico (NNP). La fuente principal de nitrógeno por parte de las bacterias que digieren la fibra es el amoniaco. Por tanto, una de las limitaciones del aprovechamiento de la fibra puede ser la falta de esta sustancia en el rumen. El amoniaco viene de la degradación de la proteína en el rumen (consumiendo recursos energéticos) o también de las aportaciones de NNP en la dieta (con el riesgo de elevar en exceso la concentración de amoniaco en el rumen, consumiendo energía para su catabolismo).


Las ureas de liberación controlada, que garantizan suministro de amoniaco en el rumen de manera constante en proporciones idóneas, han demostrado su efecto positivo en la digestión de la fibra.

Inclusión de azúcares. La mayoría de los estudios indica que la inclusión de azúcares en la dieta (ata un 5% sobre MS) incrementa la concentración de butiratos y valeratos en rumen (Heldt et ál. 1999). Estos ácidos grasos volátiles (AGV) contribuyen a mejorar el desarrollo del epitelio ruminal. De este modo, se mejora la absorción del acetato y el propionato a la sangre, contribuyendo a la estabilidad del pH ruminal y, por tanto, a aumentar la digestibilidad de la fibra.

MANEJO DE LA ALIMENTACIÓN

El objetivo es disponer de un suministro constante de una ración basada en ingredientes frescos, apetecibles y de alta calidad durante todo el día. Esto puede requerir ajustes en el número de veces que los alimentos son mezclados y suministrados al rebaño a lo largo del día. Debemos poner especial atención a los siguientes puntos:

Análisis de los forrajes. Para poder maximizar su uso hace falta conocer la calidad de los forrajes con los que contamos. La digestibilidad de la fibra es uno de los parámetros que deberíamos incluir en la rutina de análisis. En nuestras condiciones, los ensilados serán las formas más habituales de aprovechamiento. Además de la calidad nutritiva, tenemos que poner atención a la calidad fermentativa, no solo con el objetivo de disminuir las pérdidas en el proceso de ensilado (y contar así con más forraje disponible), sino también para garantizar unos consumos voluntarios elevados.


Manejo del carro unifeed. Al incrementar la proporción de forraje por vaca, la densidad de la mezcla (kg/m3) es menor. Esto puede limitar la capacidad de nuestro carro por lo que, de no disponer de otro de mayor tamaño, deberemos hacer más de una para garantizar una buena mezcla. La presentación de la mezcla debe evitar la selección por parte del ganado.



Tamaño de partícula y selección. La presentación de la mezcla tiene que evitar que la vaca elija. La selección genera cambios en el pH ruminal que deprimen la digestión de la fibra y aumenta el riesgo de aparición de enfermedades metabólicas (acidosis, laminitis, etc.). En dietas con alta proporción de forrajes, por lo tanto aparentemente más saludables, el riesgo puede estar en raciones con tamaños de partícula demasiado grandes y/o con forrajes demasiado secos.

Oscilaciones de pH ruminal según el tipo de dieta. 

Raciones con una buena estructura permiten mantener pH ruminales estables y con mayor digestibilidad de la fibra.

DESTACADOS

Trabajar con bajos niveles de FND y con forrajes de alta digestibilidad son objetivos irrenunciables.
En dietas en las que se limita el uso de los concentrados es clave maximizar el aprovechamiento de los almidones.

En dietas con alta proporción de forrajes, y por tanto aparentemente más saludables, el riesgo puede estar en raciones con tamaños de partícula demasiado grandes y/o con forrajes demasiado secos.