viernes, 12 de febrero de 2016

El uso de micorrizas reduce el uso de fertilizantes de fósforo hasta un 50%


Sin importar el contexto o a cuál cultivo uno se dedica, la presión de producir más frutos con menos recursos ha llegado a ser uno de los retos más destacados de la agricultura hoy día. Alcanzar un sistema de producción de alto rendimiento y sostenible debe de ser la meta principal para cada agricultor con fin de mantener la competitividad en esta industria tan exigente. 




Dicha técnica es aquella que consigue el balance entre el cuidar al producto y al medio ambiente sin que perjudique demasiado a algún elemento del sistema, inclusive al personal, el suelo, y el vasto rango de recursos naturales que se emplean o se encuentran en el alrededor del campo.

Aunque pareciera que los grandes esfuerzos que se necesitan para desempeñar la producción sostenible o verde o ecológicamente amigable sonarían como una tarea extremadamente dura, al comparar costos y medir el potencial de rentabilidad, queda claro que son inversiones que valen la pena. Con este potencial de alcanzar nuevas alturas de calidad mientras se cuida del suelo, la agricultura sustentable es atractiva porque lo hace todo sin que ponga en peligro la factibilidad de la tierra en cuanto a producir a largo plazo.

Victor Olalde Portugal, especialista de microbiología agrícola e investigador para Cinvestav en Guanajuato, ha elaborado varios estudios de las ventajas de tratamientos biológicos en el manejo del suelo, con enfoque especial en las plantas de tomate.

Él postula que las enfermedades de los cultivos, como el infame Fusarium, se deben a la pérdida del equilibrio natural del suelo, lo que ocurre al fertilizar en exceso lo que cambia el metabolismo de la planta y su capacidad de solubilizar los nutrientes necesarios para crecer. Aconseja emplear los microorganismos nativos del suelo como los hongos micorrízicos o el control biológico para reestablecer esa relación natural y fundamental entre planta y suelo.




Las micorrizas contribuyen al uso más eficaz del agua y aumentan el vigor de la planta para aguantar condiciones de sequía u otra escasez.





Llevar a cabo este equilibrio consta un reforzamiento total de la defensa natural de la planta con resultados impresionantes. El investigador de Cinvestav concluyó que las micorrizas o igualan o amplían los rendimientos hasta 70%. De manera correspondiente, se redujo la necesidad de aplicaciones de fertilizantes a base de fósforo hasta 50% menos.

Equipar la planta para que tenga su propia defensa natural es útil para combatir algunas de las plagas más devastadoras, inclusive los nemátodos y la mosquita blanca. Olalde Portugal recomienda Bacillus subtilis para el primero, y recalca que es importante no aplicar fungicidas si desean cultivar con micorrizas.

Ventajas de poscosecha

Aún en la poscosecha se puede notar las ventajas de la utilización de microbios benéficos, demostrando que esta técnica sustentable fomenta un sistema completo y robusto con menos aplicaciones. Portugal observó que mejoran la calidad de tomate en cuanto a la firmeza y los tomates cultivados con micorrizas contaron con una firmeza de 38.77 N frente al producto sin ellos con 27.76 N. (Se mide la firmeza a través de la fuerza necesaria para penetrar el fruto con un cuchillo fino y pequeño.)




Tanto asegurar la inocuidad y larga vida de anaquel como reducir los desperdicios o rechazos a la hora de cosechar resultan convenientes para alcanzar un sistema sostenible.




Es decir, la energía que se usó para producir algo que se echó a perder es el desgaste más lamentable. Por ende, establecer métodos que refuerzan la calidad poscosecha valdrá la pena y esas medidas protegerán inversiones ya hechas.

No es fácil pero sí es recomendable

Aunque hay un sin número de razones adecuadas para favorecer a un sistema sustentable así, no todo es paz y flores al modificar sus métodos. Debido a que la agricultura a escala mundial por lo general ha tendido a depender en aplicaciones de agroquímicos más y más intensas para enfrentar la resistencia de plagas, el proceso de remediar el suelo puede salir muy costoso al productor.

Además, la falta de técnicas amigables con el ambiente en campos aledaños puede prohibir que una operación tenga éxito porque la deriva de agroquímicos puede dejar un residuo tóxico que prevendría la eficaz de muchos productos microbianos o biológicos.

Basta concluir que los escenarios posibles para la contaminación son numerosas, así que les toca a todos los productores conscientes mantenerse diligentes y dedicados a perseguir las metas deseadas a lo largo plazo. En otras palabras, resultará ser mejor aguantar alguna complicación a corto plazo que sufrir de la acumulación de males desatendidos a largo plazo.

Artículo publicado en Hortalizas por David Goldense