domingo, 11 de octubre de 2015

Micotoxinas: fuentes, sintomatología y consecuencias productivas

La contaminación de los alimentos destinados a la alimentación animal por micotoxinas es hoy en día un problema a nivel mundial. Según datos de la FAO (Jelinek, 1987), se estima que el 25% de las cosechas están contaminadas por micotoxinas. 

Además de los daños que provocan en las propias cosechas, su presencia en las materias primas que conforman las dietas provoca importantes pérdidas en términos de producción y salud animal. Además, no debemos olvidar que alguna de estas micotoxinas puede aparecer en la leche de animales que consuman alimentos contaminados. Tal es el caso de la aflatoxina, un potente carcinogénico cuyos niveles máximos en leche están regulados por la UE. Otras micotoxinas que pueden aparecer en la leche son la T-2, ocratoxina (OT), zearalenona (ZEA) y vomitoxina (DON) (Jouany, 2001), las cuales, a pesar de que no están reguladas por la administración, también pueden afectar a la salud humana. Por todo esto podemos afirmar que nos encontramos delante de uno de los mayores retos a los que se tiene que enfrentar el sector.

Los síntomas de una micotoxicosis van a depender de la micotoxina involucrada y también de su interacción con factores de estrés. Ovejas y vacas con alto nivel de estrés son más sensibles por su nivel de inmunodepresión. La sintomatología suele ser bastante inespecífica: pérdida de producción, bajada de consumo o alteraciones en la reproducción.

De hecho, rara vez observamos en campo cuadros patológicos que podamos identificar claramente como consecuencia de una micotoxina. Sin embargo, sí resulta frecuente detectar pérdidas de producción o problemas patológicos que parecen no obedecer a un origen o motivo concreto. Cuando realizamos distintos análisis en la búsqueda de posibles agentes causales, a menudo se nos revela la presencia de una o más micotoxinas a dosis consideradas no tóxicas. ¿Es posible que esta presencia de micotoxinas a dosis subclínicas pueda ser responsable o contribuir a la aparición de problemas sanitarios y productivos en las explotaciones de leche?


Las dietas modernas acostumbran a ser bastante complejas y estar basadas en la combinación de varias materias primas, por lo que es improbable que un animal llegue a ingerir grandes cantidades de un ingrediente contaminado durante tiempo prolongado. Con todo, sí resulta más factible la ingestión de pequeñas cantidades durante un largo periodo de tiempo. El caso más frecuente es el caso de tener un silo de cosecha propia contaminado. 

Por lo tanto, más que preocuparnos de los efectos clínicos de las micotoxinas, quizá debamos hacerlo de sus efectos subclínicos y del grave impacto económico que puedan representar. 


Contaminación de los alimentos por micotoxinas


Las micotoxinas son metabolitos secundarios tóxicos producidos por hongos, capaces de ocasionar efectos adversos en personas o animales expuestos a ellas (Whitlow e Hagler, 2002). Para que haya micotoxinas deberán estar presentes (o haber estado en algún momento) hongos productores de las mismas. Los hongos son organismos multicelulares aeróbicos que se desarrollan sobre sustratos que contienen materia orgánica, tales como materias primas para alimentación animal (CAST, 2003).

La contaminación por los hongos puede tener lugar en todas las etapas de la cadena de producción del alimento, desde el campo hasta su conservación y almacenamiento, si bien las condiciones para su desarrollo suelen ser distintas. Los hongos se encuentran en el ambiente, ya que las esporas están presentes en el suelo y en los restos de los cultivos, contaminando las plantas en crecimiento. 


En campo, la presencia de hongos está vinculada a condiciones de estrés del cultivo (sequía, inundaciones, calor o frío excesivos…) o bien por la presencia de plagas que favorecen su entrada en la planta (taladro en el maíz). Las enfermedades de campo están caracterizadas por el menor rendimiento del cultivo, menor calidad y la contaminación por micotoxinas. En un forraje, no es frecuente la presencia del mismo hongo durante su cultivo y después de ser ensilado. Sin embargo, las micotoxinas generadas antes de la cosecha permanecen intactas después de los procesos de conservación.

La presencia de hongos en un alimento puede controlarse y eliminarse con cierta facilidad con tratamientos fungicidas, normalmente basados en ácidos orgánicos. Con todo, las micotoxinas producidas son muy estables y permanecen aún después de que el hongo fuera eliminado. Por lo tanto, es importante recordar que la no presencia de hongos o el tratamiento con fungicidas en absoluto garantiza la no presencia de micotoxinas.


Modo de acción de las micotoxinas


Las micotoxinas son moléculas con una estructura variada, capaces de afectar a distintos órganos del animal, por lo que sus mecanismos de acción son amplios. A modo de resumen, podemos decir que actúan según 4 mecanismos distintos (Witlow e Hagler, 2002):
  1. Reducción de los nutrientes disponibles para el animal: esto sucede en un proceso multifactorial. Primero, durante el crecimiento de los hongos se altera el contenido nutritivo del alimento. Los hongos consumen carbohidratos, así como vitaminas y aminoácidos de los alimentos. En segundo lugar, algunas micotoxinas hacen diminuir el consumo de alimentos. Un tercero efecto es sobre el sistema digestivo, bien provocando irritación, úlceras u otros procesos poco conocidos, que van a comprometer el proceso de digestión y absorción de nutrientes. Danicke (2002) observó un menor ritmo de degradación de la paja en el rumen de moruecos que consumían trigo contaminado con DON y ZEA. Se ha comprobado que algunas micotoxinas producidas por hongos del género Penicillium tienen un marcado efecto antibiótico que tiene consecuencias graves sobre la flora microbiana del rumen y sobre la digestibilidad de la fibra. Por último, ciertas micotoxinas son capaces de inhibir la síntesis proteica, como es el caso de la T-2.
  2. Sistema endocrino y exocrino. Algunas micotoxinas tienen actividad hormonal. Tal es el caso de ZEA, que es un análogo estructural de las hormonas sexuales femeninas. La presencia de esta micotoxina compromete principalmente la fertilidad.
  3. Inmunosupresión. Muchas micotoxinas son capaces de inhibir la replicación y crecimiento de células, así como de proteínas, enzimas y otros productos. Uno de los sistemas orgánicos con mayor replicación celular y síntesis proteica en un individuo adulto es su sistema inmunitario. Se ha demostrado que varias micotoxinas ejercen un efecto muy negativo sobre la replicación de linfocitos y sobre la síntesis de inmunoglobulinas. Acosta e col. (2003) observaron como el recuento de células somáticas en leche casi que se triplicó al añadir vomitoxina a la dieta de vacas en principio de lactación. 
  4. Defensa antioxidante. Estudios recientes (Surai e col., 2002) demuestran un efecto negativo de las micotoxinas sobre el sistema antioxidante del organismo.
Los perjuicios ocasionados por las micotoxinas son difíciles de calcular, pues sus efectos son subjetivos y de difícil diagnóstico. Otros factores que dificultan el diagnóstico son el limitado número de investigaciones, la aparición de diversas micotoxinas simultaneamente, la asociación con otras enfermedades y la dificultad en el muestreo y análisis. 



Efectos prácticos de las micotoxinas

Por lo general, suelen observarse uno o varios de los siguientes síntomas:
  1. Mala producción (crecimiento, producción de leche, mal índice de conversión de alimentos, bajo porcentaje de grasa en leche). 
  2. Mal aspecto de los animales
  3. Alteraciones digestivas (diarreas, acidosis). 
  4. Escaso consumo de alimentos. 
  5. Problemas reproductivos (fertilidad, abortos). 
  6. Infecciones mixtas y recidivantes (mastitis y metritis principalmente). Mayores índices de mortalidad 

La entrada ha sido redactada por nuestros compañeros Josep Roquet Baucells, Veterinario, M.S., Director Técnico de Alltech Spain y Henrique Prado, Ingeniero Agrónomo, Equipo de ventas Alltech Spain, quienes la han cedido al blog para concienciar sobre los efectos en el ganado de las micotoxinas.