miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los “nuevos” aliados de los agricultores

En los últimos meses ha aparecido un tema de actualidad en la agricultura mundial, que incluso, algunos sectores del agro europeo, están planteando traspasar una propuesta al Parlamento Europeo: debido a la creciente demanda mundial de alimentos, y con un futuro poco esperanzador para alimentar a una población creciente con los rendimientos actuales en la agricultura, ¿podríamos utilizar a los insectos para alimentar a los humanos?


Como creen algunos expertos, este tema está aún en pañales y en un futuro cercano seguiremos comiendo productos procedentes de nuestros agricultores y ganaderos. Pero es un tema que nos ayuda a reflexionar sobre LA IMPORTANCIA DE LOS INSECTOS EN LA AGRICULTURA. Y no nos referimos a la importancia con connotaciones negativas, nos referimos a la importancia de aquellos insectos beneficiosos para nuestras labores agrícolas, y que nos ayudarían a crear una agricultura más sostenible y respetuosa con el medio ambiente, uno de los retos para esa agricultura del futuro.


Por eso, en esta entrada de blog vamos a presentar algunos casos (unos conocidos y otros no tanto, o directamente, que muchas veces se nos pasan por alto) en los que los insectos son tan beneficiosos en la agricultura, tanto como tener una buena calidad del suelo u otros parámetros agronómicos.


Nuestras amigas, las abejas

Desde el colegio nos enseñan que gracias a una función que las abejas hacen a diario no solo podemos disfrutar de ese manjar que es la miel, sino que además permite a las flores de las plantas reproducirse. Nos referimos a la POLINIZACIÓN, acción por la que nuestros cultivos producen alimentos.

En los últimos años ha aparecido un problema creciente a nivel mundial, el declive de las abejas, que incluso ha llegado al Parlamento de los EE.UU., en una campaña llevada de la mano del mismísimo Barack Obama por la que se promueve la protección de este insecto tan valioso para la seguridad alimentaria mundial.

Los factores que llevan a este declive darían para otro post entero, por lo que nos centraremos en por qué resultan tan necesarias en nuestras explotaciones. Estudios recientes nos han proporcionado los siguientes datos:

  • Se ha calculado que el valor económico de la labor de polinización de las abejas podría estar en torno a los 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo, 22.000 millones para Europa y más de 2.400 millones de euros para España.
  • En Europa el 84% de 264 cultivos dependen de la polinización por insectos.
  • El 90% de los alimentos de todo el mundo se obtienen a partir de 100 especies de cultivos, de los cuales, 71 se polinizan con abejas.

Con estos tres datos nos podemos hacer una idea de porque las abejas son tan importantes para nuestra agricultura y para la producción de alimentos a nivel mundial. De aquí que sea interesante la protección y potenciar el uso de las abejas para polinizar nuestros cultivos, más aún si trabajamos bajo plástico. 

Es por esto que ciertas empresas han visto una oportunidad de negocio y comercializan colmenas para polinizar los cultivos, un negocio que crece año a año. Por poner un ejemplo: 3 colmenas pueden polinizar una hectárea de sandía en 15 días.

Cómo dijo Einsteín “Si las abejas desapareciesen, a la humanidad solo le quedarían 4 años de vida”, por eso… ¿no sería de locos no potenciar esta relación tan beneficiosa?


Control biológico ¿qué es eso?

De forma sencilla se puede definir esta técnica como “el uso de la propia naturaleza para controlar las plagas que atacan los cultivos”. Una técnica que cada año tiene más adeptos, ya que se obtienen alimentos libres de agroquímicos, cada vez más demandados por los consumidores.

No todos los insectos que encontramos en los cultivos se alimentan de ellos, por ello, el agricultor debe tener conocimiento sobre esta fauna para poder distinguir insectos beneficiosos de los que realmente bajan la productividad de su explotación. En la fauna de los cultivos se puede diferenciar numerosos tipos de insectos, cada cual con una función diferente. De forma sencilla, en el control biológico, nos interesas los insectos que se comen las plantas (fitofagos) o son vectores de enfermedades (como algunas especies de psilas) y los insectos que depredan a los anteriores (entomófagos).

El arma del control biológico, por tanto, son insectos depredadores de aquellas plagas que afectan a los cultivos. Estos insectos, son liberados por el agricultor en el cultivo, y ellos se encargan de controlar la población de la plaga de forma natural, como ocurriría en la naturaleza. Es un técnica que se ha utilizado siempre, pero sin reparar en ella, y que últimamente, se estudia cada vez más para diferentes cultivos en pos de buscar aquellas prácticas que beneficien el desarrollo y el “trabajo” de estos compañeros tan útiles. Una clara relación Win-Win entre agricultor e insecto.

Un ejemplo de control biológico es el uso de hormigas en sustitución de los pesticidas en los cultivos tropicales. En este caso, el agricultor dispone un tipo de hormiga (la hormiga tejedora) en una bolsa colgada de los árboles a proteger, y le proporciona una solución de azúcar para que se establezca la colmena. Una vez establecida, se potencia la dispersión de la hormiga a lo largo de la explotación gracias a puentes y lianas por donde puedan dispersarse las hormigas, las cuales se encargarán de proteger el cultivo de fitófagos.

¿Veneno o biomolécula con uso agronómico?

De todos es sabido que la humanidad ha utilizado desde hace miles de años algunos compuestos y materiales procedentes de los insectos para usos como que van desde la alimentación hasta vestirse: la seda, la miel,… Pero… ¿Cuántos compuestos sintetizan los insectos que podrían ser beneficiosos para la agricultura?

Es el caso del veneno de la araña Atrax robustus, cuyo veneno sirve como biopesticida para los cultivos, y lo mejor de todo… ¡no afecta a las abejas! Un claro ejemplo de como para lo que nosotros puede ser un veneno letal, aplicado a otro campo puede ayudarnos a proteger a los cultivos y a las abejas de una forma más sostenible.

Como este hay numerosos casos en los que los científicos han conseguido aislar biomoléculas con acción pesticida y plaguicida que nos ayudarían a combatir las plagas de una forma natural.

Alimento de futuro

Como comentábamos al principio del post, hay grupos de trabajo creando propuestas para establecer los insectos como una fuente de alimentos para los humanos, aunque en un futuro no cercano. Sin embargo, ya hay empresas que comercializan harina de insectos para formulación de piensos animales, aunque esta producción se destina fuera de nuestras fronteras.


Existen proyectos experimentales en los que se ha empezado a utilizar los insectos como fuente de proteínas para humanos, como el caso del producto presentado por unos estudiantes en la Universidad de León en Ecotrophelia 2015, un producto para deportistas cuyo componente novedoso es la harina de un insecto.


En este campo queda mucho por investigar, y sobre todo por legislar, pero quien sabe, algún día en nuestras despensas habrá alimentos vegetales, cárnicos y de insectos.